miércoles, 22 de diciembre de 2010

Es tiempo de Navidad

Dentro de pocas horas, cerca de un tercio del mundo, celebrará el cumpleaños de Jesús. Lo harán como todos los años, diciendo que es en Su honor, pero olvidándose realmente de Él... Tal como ha ocurrido en los últimos 1700 años.

Es tan fuerte el furor que causa el cumpleaños de Jesús, que la gente pierde las proporciones y llega a gastar lo que no tiene en regalos, para celebrar la ocasión; la mayor parte de las veces, se endeuda a muchos meses plazo y seguramente, lo hace de corazón. Los comerciantes comienzan con dos meses de anticipación a preparar sus vitrinas e intensifican la publicidad; los niños comienzan a soñar. Todo el mundo habla del asunto y esperan ansiosos la llegada de ese día.

Por fin, cuando llega la ansiada noche del cumpleaños, la gente se reúne en familia en torno a un pinito de Navidad (muchas veces, artificial), cargado de lucesitas y colgajos, y lo rodea de los regalos que ha comprado; compra los manjares que tal vez no pudo comprar el resto del año y prepara exquisitos platos para esa noche. Creo que, en realidad, muchos de ellos se divierten de gran manera. Pero... ¿qué paso con el invitado de honor? ¿Qué paso con Jesús?

¡Sí! La fiesta era para Él... y ni siquiera se acuerdan de invitarle; para qué preguntar por los regalos... ni uno solo para Jesús. Cuando dan las 12, todos comienzan a abrazarse eufóricos... y ni un solo abrazo para Jesús. Mas aún, si entrásemos en muchos hogares, a esa hora, veríamos a personas bebiendo de manera desmedida, sino ebrias; observaríamos a otras contando chistes de mal gusto; otras engañando a los niños con el cuento del viejito de Pascua. Mas bien parece que la fiesta fuese “su” cumpleaños.

Hace dos mil años y con mucha razón, los creyentes comenzaron a celebrar el nacimiento de Jesús, porque aun estaban impactados por Su gran amor... Era Dios mismo que había venido a la tierra, se había encarnado en un cuerpo humano, padecido horrores y, finalmente, muerto en la cruz del calvario, para limpiar los pecados del mundo y restablecer la comunicación perdida con el hombre. ¡Cómo no celebrar! Si todos estaban muertos en vida y por su sangre preciosa, Él los hacia resucitar y les regalaba, por gracia, salvación y vida eterna.

Pero la vanidad y la soberbia del hombre hizo que este olvidara el hecho histórico más importante de la humanidad y llegáramos a la situación de hoy: la mayoría no sabe qué está celebrando; puede ser la fiesta de los regalitos, como el cumpleaños del viejito de Pascua. Pobre Jesús, 2000 años esperando que nos acordemos de El en esta noche... y nada. Yo te pido perdón, Señor, por mi ciudad y oro por Tu inmensa misericordia y amor y te doy gracias Jesús porque hace pocos días me permitiste asistir a una verdadera Fiesta de Cumpleaños en Tú honor, donde fuiste el invitado de honor. Había muchos reunidos, orando, alabando y adorando Tu nombre, con euforia, por más de dos horas, pues dice Tu Palabra que Tu no quieres sacrificios ni holocaustos, sino alabanza y adoración. Bendito seas Señor y bendito sea Tu Santo Nombre.

Yo les pregunto a Uds. que están leyendo: ¿Que sentirían si el día de sus cumpleaños, no fueran invitados a la fiesta, y vieran que todos se hacen regalos unos a otros, y a Uds. no les regalan nada.? Pues así debe sentirse el Señor Jesús cuando mira cómo celebramos nosotros la Navidad.

1 comentario:

  1. Es la verdad...Se perdió el sentido de la Navidad. Si le preguntamos a nuestros hijos, usualmente responden que se trata de la fiesta del Viejo de Pascua...¡Qué herejía!

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